Psicología de Pareja: ¿Por qué algunas mujeres tienden a anularse en las relaciones de pareja?



Psicología: ¿Por qué algunas mujeres tienden a anularse en las relaciones de pareja?



Bien sabido es, que cuando nos enamoramos tenemos una gran necesidad de estar junto a la persona amada, pensamos constantemente en ella, queremos oír su voz, sentir su contacto y cercanía. Pero también a medida que la relación continúa, y se va terminando esta etapa del enamoramiento, comienzan otras en las que se da mayor intimidad, compromiso, y un amor más profundo y sincero, dando paso a emociones y vivencias más calmadas que nos permiten disfrutar también de otros aspectos de nuestra vida como el trabajo, los amigos, la familia y como no de uno mismo.

         El problema surge cuando no superamos este deseo de fusión con el otro, sino que más bien nos perdemos en el otro, es decir, nos anulamos en la relación, y se genera una relación de dependencia.

         Muchas mujeres tienden a anularse en las relaciones de pareja en una proporción mucho más elevada que los hombres, y esta anulación se da en un continuo, que va desde formas sutiles de ir abandonando aspectos relativamente importantes de su vida, antes de conocer a la pareja, hasta abandonarse íntegramente. Así por ejemplo tras conocer a un hombre o empezar a salir con él, muchas mujeres dejan de ver a sus amigos, se pasan mucho tiempo preocupadas e inseguras con su imagen, se buscan consensos con la pareja, aunque esté en desacuerdo, los temas de conversación principales con otras personas giran en torno a la nueva pareja, etc., hasta llegar a los extremos de desatender el trabajo, la familia, vida social y olvidarse de sus propias necesidades y objetivos personales.




         ¿Por qué sucede esto? La explicación la podemos encontrar en diversos factores, culturales, biológicos y psicológicos. Veamos algunos de ellos.

         En cuanto a los factores culturales, se puede decir que en una gran mayoría de culturas y sociedades, (aunque esto ya está cambiando en la sociedad occidental), las niñas son educadas para ser dependientes, no se las motiva y estimula para que solucionen los conflictos por si solas, sino que se las protege y se las trata como si fueran más indefensas de lo que son; por el contrario a los niños se les anima a que sean fuertes, que no se quejen demasiado, se les exige y se espera que sean autónomos y decidan por sí solos lo antes posible.

         Por otro lado, a las niñas se las educa para que sean complacientes y que mantengan una actitud apaciguadora en sus relaciones. Si sus intereses entran en conflicto con los demás se las censura y no se le permite la expresión de sus deseos de forma asertiva, a los niños se les permite que expresen sus sentimientos y exijan sus necesidades incluso por medio de la agresividad y no por eso será censurado, sino que incluso será más respetado (el padre se sentirá orgulloso del carácter de su hijo y la madre de su seguridad y firmeza).

         Otro aspecto importante es el mensaje frecuente de que “la niña ha de tener la aprobación masculina para sentirse valorada”. Desde muy pequeñas las niñas reciben la presión de que tiene que estar guapas, para gustar y atraer, con una idea subliminal de base, que de esto dependerá que tengan pareja, se casen… y por tanto, que sean unas mujeres “normales y atractivas para los hombres” y no unas “solteronas y alguien poco deseado por el otro”.

Así cuando llega a la adolescencia su objetivo prioritario es obtener está aprobación de los chicos y en función de si lo consigue o no, así será su autoimagen y autoestima. Aunque todo este mecanismo va cambiando y se valora a la mujer por otros aspectos, como la inteligencia, la autonomía, la capacidad de decisión, etc., todavía permanece una programación interna y transgeneracional potente, que sigue influenciando a las mujeres de forma notable. 
Además, a todo ello, le sumamos la presión que los medios de comunicación y redes sociales ejercen sobre la imagen y el rol de la mujer, influyendo enormemente, en su autoestima y afectividad. En cambio, a los niños se los valora y se los aprueba por sus éxitos, por sus logros, su independencia, fortaleza, etc.

         Tenemos el ejemplo en los héroes de los niños frente a los de las niñas. Superman, Rambo, Spiderman, el Capitán Trueno, etc., todos ellos hombres solitarios que defienden a su amada y al mundo, pero desde la distancia, frente a los cuentos de niñas, princesas bellísimas que tienen que ser rescatadas por un príncipe fuerte y valiente. Por suerte ya comienzan a aparecer otras heroínas como Brave, Lara Croft, Catwoman, entre otras que también transmiten roles de fuerza y autonomía para las mujeres de las nuevas generaciones.

         Hay por otro lado una serie de razones de índole biológico que también nos ayudan a explicar este fenómeno. Los hombres por su fisiología suelen ser menos emotivos que las mujeres. Numerosas investigaciones parecen confirmar que el cerebro de las mujeres está más capacitado para procesar datos emotivos, ya que el cuerpo calloso que conecta el hemisferio derecho y el izquierdo es mayor en el cerebro de la mujer que en el del hombre y al haber mayor conexión entre ambos hemisferios se facilita el procesamiento y la comunicación de la información emocional.

          Del mismo modo, los estudios sobre diferencias biológicas entre hombres y mujeres vienen mostrando que el hecho de que los hombres tengan mayores niveles de testosterona (hormona sexual masculina) que las mujeres, junto con la estructura de su cerebro, son factores importantes que les impulsa hacia la actividad, la acción, como forma de reafirmar su independencia.



         En cuanto a los factores psicológicos, las mujeres parece que tienen unos límites más flexibles que los hombressobre todo en cuanto a las relaciones personales, esto hace que cuando inicia una relación sea capaz de adaptarse fácilmente a las necesidades del otro, adquiera un grado de compromiso mayor y se implique más desde muy al principio de la relación, perdiendo con más facilidad el sentido del “Yo”.

Si a estos factores se le suma alguna experiencia de la infancia traumática como:

-          Una experiencia afectiva negativa con la persona con la que se estableció el “apego”.
-          Ausencia prolongada de uno o ambos progenitores.
-          Maltrato físico o psicológico de uno o dos de los progenitores o personas importantes de su entorno.
-          Mal ejemplo de los modelos paternos (misoginia, violencia…)

Es fácil que tengamos el resultado de una “Mujer Anulada” en la relación de pareja”.



Psicóloga Colegiada Nº: M-12344



24 de abril 2018

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